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Puede calificarse a este segundo
itinerario como una vía almohade por excelencia. Unía Marrakech con Rabat, con Tánger y
Ceuta por un lado, y Fez y Mequínez por otro. La ciudad de Ksar el Kebir constituía en
esa época un importante punto de convergencia de esta red.
Saliendo de Marrakech en dirección Noroeste, el viajero deberá
cruzar primero un puente de 27 ojos, inicialmente almorávide, reconstruido por los
Almohades en el siglo XII. Más allá, Sidi Bou Othman, primera parada importante donde se realizaron importantes trabajos
hidráulicos en la época almohade. |
Settat
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De ahí pasamos a Settat,
hoy ciudad muy bien acondicionada, de múltiples actividades económicas e industriales.
Antaño era una parada indispensable para las caravanas a causa de los múltiples
manantiales donde podían hacer sus reservas de agua. Allí se levantaba la alcazaba, de
Moulay Ismaïl (s. XVII - principios s. XVIII). Settat, es desde hace tiempo un importante
mercado de caballos árabes permaneciendo vivas las tradicionales paradas a caballo
llamadas "Fantasia".

La ruta de los almohades que unía
Marrakech debía dirigirse a dos puertos muy activos en la época medieval, Tit (actual
Mulay Abdallah al sur de El Jadida), y Azemmour, ambos lugares de peregrinación religiosa
desde el siglo XII. En Tit, aún se pueden contemplar las ruinas de importantes
fortificaciones almohades. |
Mulay Abdallah
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Abandonada posteriormente, Tit renace bajo
el nombre de Mullay Abdallah, el santo fundador. Una vez al año, en el
mes de Agosto, tras la cosecha, un gigantesco "mausim" (feria patronal) anima a
esta pequeña ciudad de pescadores. Los jinetes de las llanuras atlánticas vienen a
exhibir su arte y sus deslumbrantes arneses. |
El-Jadida
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A unos kilómetros al Norte de Mulay
Abdallah, El-Jadida extiende a lo largo de una bahía la blancura de su
medina y el color negruzco de sus murallas portuguesas del siglo XVI.
Incendiada por los portugueses después de su
salida, fue repoblada en el transcurso del siglo XIX por elementos árabes de la región
vecina de Duccala y una comunidad judía de Azemur.
En nuestros días, atrae en verano a un
considerable número de veraneantes fundamentalmente nacionales. |
Azemmour
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Al Norte de El-Jadida,
Azemmour es
una de las más antiguas y pintorescas ciudades de la costa atlántica. Ibn al-Jatib,
escribe a mediados del siglo XIV a propósito de ella: "Es la novia de la primavera y
del otoño... Su faro y sus almenas, cual astros brillantes, observan su valle..."
Azemmour constituía el primer alto en la ruta
occidental. A medio camino entre Marrakech y Rabat mantuvo por vía marítima relaciones
comerciales regulares con al-Andalus, sobre todo con Málaga. |
Casablanca
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A 80 kilómetros al norte de Azemur, nos
encontramos con Casablanca, la Anfa de los textos medievales, constituyendo hoy
la ciudad más moderna de Marruecos. Al-Idrisi describe la actividad del puerto de Anfa
"visitado por los barcos mercantes (de al-Andalus) que vienen a buscar cebada y
trigo".
La "Nueva
Medina" (finales años 1940) es una lograda transposición de un urbanismo
tradicional que tiene en cuenta los imperativos de la modernidad. Sus mezquitas, sus
alminares, su "Mahkama" (Tribunal), reproducen con sutiles innovaciones los
modelos clásicos de las épocas almohade o meriní. Pero la más reciente y la más bella
joya de Casablanca es hoy la Mezquita de Hassan II, obra maestra única en su género en
el mundo islámico.

Desde el comienzo de las obras en Agosto de
1987, han trabajado en la Mezquita Hassan II, día y noche, 2.500 obreros. El número de
artesanos que han trabajado en la ejecución de la ornamentación se eleva a 10.000. A
diferencia de los demás lugares de culto en Marruecos, la mezquita Hassan II está
abierta a los visitantes no musulmanes.

Después de Casablanca -la Anfa de los
textos medievales- la Ruta de los Almohades continuaba paralelamente a la costa
atlántica, hacia Rabat, hoy capital del Reino. Entre los lugares que jalonaban esta ruta
en aquella época, habría que mencionar Fedala (actual Mohammedia), frecuentada en el
siglo XII por los barcos de mercaderes que provenían de al-Andalus. |
Rabat
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La
actual capital del reino fue ocupada primero por los Almorávides. A mediados del siglo
XII, Abd al Mumin creó allí el núcleo de una primera ciudad fortificada que
comprendía, además de la fortaleza, una mezquita y una residencia califal. Su nieto
Yaqub al-Mansur (1184-1199) es el verdadero fundador de Rabat: "En cuanto a la ciudad, escribe el cronista al-Marrakushi, fue
terminada bajo el reinado de Abu Yusuf (al-Mansur), incluidas sus murallas y sus puertas.
Las puertas de Bab er-Ruah y Bab Oudaïas, situadas
en la parte oeste de la muralla, son por su arquitectura monumental, su decoración de
lacería y sus frisos epigráficos de sobrios caracteres cúficos, obras maestras del arte
almohade en su apogeo. Las dos puertas se han transformado hoy en galerías de
exposición.
Es necesario destacar igualmente las
grandiosas ruinas de la mezquita Hassan que se extienden sobre una superficie de 2,5
hectáreas. La mezquita quedó inacabada y su famoso alminar, permanece como símbolo vivo
del más grande proyecto urbano de los Almohades.
Siguiendo las huellas creadas con la
construcción de la Kutubia y la Giralda, se construye el Mausoleo Mohamed V, edificado en
el histórico paraje de la mezquita Hassan, símbolo del profundo fervor de Su Majestad
Hassan II a la memoria de su padre Mohamed V.
Rabat, se convirtió en territorio
privilegiado de acogida para los Andalusíes expulsados de España que se establecieron
allí en sucesivas oleadas, entre los siglos XIII y XIV. La primera de ellas se produjo en
el año 1239, la componían emigrantes de Valencia y de otras partes.
En la última oleada llegaron miles de
Moriscos expulsados tras el decreto de Felipe III en 1609. Establecidos en la alcazaba de
Oudaïas construyen la actual medina donde conservan y desarrollan sus artes y sus
técnicas. Los apellidos dan testimonio aún hoy día de ese origen español: Tredano,
Palamino, Piro, Fenjero, Bargach, Balafrej, etc.

Capital cultural, Rabat es la ciudad de los
museos. El de Oudaïas, instalado en un pabellón restaurado del siglo XVII, expone
diversos objetos de arte urbano y rural: cerámicas, joyas, vestidos tradicionales,
bordados, tapices, algunos manuscritos de época almohade, astrolabios... A
la orilla del ued, el Museo de Artes Populares se encuentra enfrente del Complejo
artesanal donde se puede ver a los artesanos trabajando. En la ciudad moderna, el Museo
Arqueológico ofrece al visitante todo un muestrario de industrias prehistóricas y piezas
de la época islámica medieval. |
Chellah
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Empieza a ser mencionada a partir del
siglo I por los autores antiguos, pero parece que había sido una escala fenicia desde el
siglo VII a. JC, aunque habrá que esperar al fin del siglo XIII para asistir a la
reaparición de Sella (Chellah de los textos árabes). El sultán meriní Abu Yusuf
Yaqub (muerto en 1286) escogió el sitio para fundar una necrópolis real de su
dinastía. Se erigieron entonces una mezquita con sus dependencias, y unos mausoleos para
albergar sus restos y los de su familia.

Fuente, ruinas antiguas, necrópolis real
reconvertida, cúpulas, etc., constituyen otros tantos elementos que hacen de Sella un
importante lugar de cultos populares, lo que supone uno de los rasgos característicos y
atractivos de esa tierra. |
Salé
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En la otra orilla del ued Buregrag se
levanta la ciudad de Salé. Ciudad, probablemente antiquísima, guarda
todavía el misterio de sus orígenes. Durante el siglo XI los príncipes Banu
Ashara, abandonan Chellah para instalarse en Salé, donde mantienen una corte que
rivaliza con las de los reyes de Taifas de al-Andalus.
Tras la toma de Salé por los Almohades (1145-46), estos emprenden
grandes trabajos de abastecimiento de agua y restauran la gran mezquita tras la victoria
de Alarcos en 1195.

Entre el siglo XI y el siglo XIV, Salé
conoce una auténtica prosperidad agrícola y comercial: importa el aceite de Sevilla y
exporta trigo, cera de abeja, pieles, lana y añil. Según al-Idrisi, "los barcos de
Sevilla y de todas las ciudades marítimas de Andalucía anclan allí... llevan víveres
hacia el conjunto de la Andalucía marítima".
En Salé, además de los monumentos, como la magnífica
madraza de Abul Hassan (mediados del siglo XIV), está la biblioteca de la Fundación
Sbihi, puesta a disposición del público por una de las más antiguas familias de Salé.
Sus fondos son considerables: 4.000 manuscritos de los cuales más de 1.300 están
catalogados, 200.000 documentos de archivos y 400.000 obras impresas. Las fechas de los
manuscritos y documentos originales se reparten en 12 siglos de actividades intelectuales,
y los temas, de una extremada variedad.
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